Reconciliar con lo diferente
La dualidad que experimentamos
los seres humanos cuando la cabeza nos dice una cosa y el corazón otra , nos
conduce muchas veces a construir relaciones enfermizas con las personas y
grupos sociales de distintas funciones en la comunidad, proyectando en ellas
las mismas ambivalencias que vivimos en lo interior.
En principio,
la dificultad de ejercer un buen discernimiento para reconocer de donde nos
vienen las expresiones de nuestra conciencia, provoca en nuestros
interlocutores reacciones diversas, porque a veces somos puramente emocionales,
otras, demasiado intelectuales; también en ocasiones, ni siquiera estamos en
contacto con la realidad del otro, que percibe la falta de empatía.
Esta gama de
manifestaciones y sus diferentes intensidades constituyen la base de un enorme
porcentaje de conflictos, reflejados en las familias, escuelas, instituciones
públicas o privadas; es como hablar diferentes idiomas y quedarnos con el sabor
frustrante que deja la imposibilidad de comunicarnos de verdad.
Creo que es un
ejercicio fundamental aprender a mirar, tocar, oír, gustar, respirar el lugar
del otro, no para invadirlo, sino para tomar conciencia de aquello que es
diferente a mi modo de percibir la vida, porque las cosas no son como las vemos,
sino que las vemos como somos; entonces es muy importante darnos cuenta que
todo lo pasamos por el filtro de nuestro modo particular de ser. El desafío de
alcanzar la unidad en nuestra vida también impactará benéficamente en los sistemas desmembrados por exceso de
personalismo.
A veces, para
construir, hay que permitir primero la demolición de alguna estructura, para
integrarla de una manera nueva al edificio; así también es necesario saber
renunciar a algunos aspectos egoicos de nuestra personalidad si deseamos
incorporar una relación y desarrollarnos recíprocamente.
Cuando nos
resulte difícil distinguir el límite entre la autoestima o verdadero amor
propio y la capacidad de olvidarnos de nosotros mismos para entregarnos a lo
diferente, podremos verlo en los efectos
internos que produce una u otra actitud. Si estamos solamente enfocados en el
cuidado personal, creamos barreras que empequeñecen nuestro horizonte y quizás
estemos tranquilos en nuestro mundo, pero no seremos plenos.
En cambio,
cuando somos capaces de poner al servicio de la vida y de los otros lo que
hemos recibido, nos engrandecemos, porque entramos en sintonía con el verdadero
movimiento del alma, que nos impulsa al encuentro con aquello que me completa.
Desde esta
visión podemos comprender las razones por las cuales nuestra sociedad vive
innumerables problemas y si observamos bien, todos tienen en su base la
resistencia a dar lugar a lo diferente.
Por supuesto
que en esto influyen los ideales que impulsan la vida de cada persona y aquí el
debate se instala entre el ser y el tener. Para aquellos que creen en lo
cuantitavo, la prioridad estará en tener, ganar, y el otro puede convertirse en un competidor;
en cambio para quienes creen en lo cualitativo la prioridad estará en el ser y
apuntarán a los valores, a dar y recibir.
Si logramos subordinar los ideales materiales
a los valores, podemos alcanzar desarrollo, porque ese éxito será compartido.
En muchos sectores de nuestra sociedad está sucediendo a la inversa y el
resultado es la decadencia.
La
responsabilidad personal estriba entonces en revisar el ideal de felicidad que
impulsa nuestra vida, porque si lo depositamos sólo en alcanzar fines
materiales, podremos obtener gratificación, pero no el gozo interior.
Además,
miremos la calidad de las actitudes y
acciones con que realizamos estos fines, porque tal vez estemos haciéndolo con
las mismas falencias prácticas o éticas de las cuales nos quejamos en las políticas sostenidas por
los dirigentes, sean estos del gobierno del país o de un centro vecinal. Dice
el Evangelio que el que no es fiel en lo poco, no es fiel en lo mucho.
La
transformación posible es la que puedo alcanzar en mi vida, y esto de reflejará
en el grado de compromiso personal, familiar y social en el lugar donde he
florecido. Esta ampliación de mi conciencia me llevará a sentir lo diferente
como necesario en el proyecto mayúsculo de la Vida , que me llama a trascender mi individualidad
y comprenderla también en la función que me corresponde.
Por supuesto
que, sostener un ideal valioso implica confianza y mucha paciencia en el
camino, sobretodo con aquellos que dañan y se dañan porque aún no han
descubierto su lugar y su sentido en la vida.
En lo
profundo, nadie es mejor o peor y admitir esa verdad nos coloca en una nivel de
humildad suficiente para entender al otro; entonces, aquellos que han recibido
un poco de luz espiritual para ver estas cuestiones tienen un compromiso de
centinelas de quienes vienen detrás, así como ellos han tenido y continúan teniendo la guía y el cuidado de
otros en sus trayectos. Dejar de buscarnos tanto y perdernos en la entrega es
la gran paradoja, donde nos encontraremos con nosotros mismos y con Dios.
Nicolás Nanni
Prof. de Yoga - FACILITADOR DE CONSTELACIONES FAMILIARES
Tel. 03541 – 15527337
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