jueves, 4 de octubre de 2012

Reconocer lo esencial


Reconocer  lo esencial

Si la sensación de estar vivos se parece más a una bruma en la noche que a la claridad de un  amanecer, es probable que hayamos extraviado la brújula de lo esencial entre el brillo engañoso de muchos horizontes vanos.  El exceso de materialismo y tecnologías parece reemplazar el sentido primordial de la vida por la idolatría a este “dios” postmoderno, frío e impersonal, que seduce a millones de adoradores con la promesa fatua de la felicidad inmediata.
Cuando los medios para vivir se transforman en fines en sí mismos comienza el proceso de la confusión de valores. La metodología del olvido  se alimenta en la velocidad de los cambios, que obligan a atender lo urgente en una perpetua postergación de lo importante, y sustentamos la situación con genuinos justificativos.
Perdemos de vista el hecho real de que este modo de vivir constituye una huída de la verdad de la condición humana y del llamado profundo del alma a reconocer su camino. La mayor parte de los problemas personales y sociales que padecemos se deben a una fuerte y a veces inevitable inclinación al egoísmo. Hasta tal punto ha crecido esta tendencia individualista que existen legislaciones creadas para sostener intereses particulares y el libre ejercicio de ciertos poderes despojados de toda ética. Como dice Benedicto XVI, se ha instalado la “tiranía del relativismo” donde todo es permitido y ya no se reconocen las fronteras del bien y del mal.
Cómo es posible que los hombres, divididos en nuestro interior, podamos erigirnos en reyes y centro de la Creación? Qué poderosa soberbia nos hace pensar que somos capaces de administrar lo recibido como si fuera propio? Cuál es la peligrosa ilusión que nos hace creer que lo podemos todo? Me parece que esto sucede cada vez que desconocemos la verdad de ser creaturas dotadas con una impronta divina. Es ella la  reveladora de los órdenes del amor; es  el ADN espiritual que todos poseemos y que a todos nos contiene.
Es nuestra identidad más profunda, constituida por estos genes silenciosos, inteligentes, amantes y trascendentes de la realidad percibida.
Sólo lo esencial jerarquiza las acciones en la vida; si aprendemos a respetar la trama original que nos une a todos, entonces estaremos ampliando la conciencia personal a una dimensión totalizadora. Cómo reflejar la elección de lo esencial en lo cotidiano? En primer lugar, dándome cuenta que todo daño, por pequeño que sea, me lo hago a mí mismo. Desde arrojar basura donde no corresponde a invadir el  espacio o el tiempo del otro. No hacerme cargo de mi propia vida es restarle a la Vida los talentos y la misión de mi existencia.
Podemos observar algunas actitudes reveladoras y que nos dejan afuera de lo esencial: por ejemplo, cuando juzgamos sin actuar; cuando nos cuesta compartir lo que tenemos o discriminamos con facilidad a las personas; cuando el tiempo lo dedicamos exclusivamente a nuestros intereses personales; cuando miramos la vida sólo en términos de pérdidas y ganancias, haciendo de nosotros mismos el centro de todo. Son todas facetas que empobrecen nuestro corazón y disminuyen las posibilidades de auténtica realización como personas.
Sin embargo, desarrollar la conciencia de lo esencial implica comenzar  un camino de autoconocimiento; algunos sienten este llamado como una sed que no pueden apagar con las respuestas convencionales del mundo; otros son motivados por las experiencias de dolor y tragedia que forman parte de la vida y la historia de las personas; estos hechos difíciles de asimilar nos empujan a buscar otras fuentes de explicación y sentido para continuar la existencia.
Cualquiera sea el modo, lo importante es oír ese reclamo, es una voz silenciosa y constante, que espera podamos acallar muchos ruidos para hablarnos de este nivel de realidad más profunda; y  desde la cual se desbordan los límites de vinculación  más allá del tiempo y del espacio. En ese silencio se muestra el alma; cuando cesan los movimientos pensantes, la mirada surge del corazón humilde y paciente. Sus respuestas  son acertadas; nos conviene hacernos dóciles a sus delicadas indicaciones porque su objetivo es nuestra paz y felicidad.
La ignorancia de nosotros mismos nos hace creer en la lógica y pragmática cabeza, que piensa alcanzar las razones de todas las cosas en una inútil pretensión de abarcar la vida con su limitada interpretación, desconociendo la eficacia concreta del corazón en  las cosas del mundo. Por ello se torna más imperioso aún, en los tiempos que vivimos, habilitar esos lugares interiores, con las prácticas orantes o de meditación. Si no podemos solos, busquemos espacios grupales con esos fines para despertar nuestra conciencia en la verdadera fuerza que otorga el reconocimiento de lo esencial.
Las demasiadas palabras e información nos desvían la atención hacia la superficie y la salud espiritual depende del alimento adecuado; cuando la soledad, la depresión, los miedos y las angustias nos ahogan tenemos una clara  señal del hambre de Dios,  porque estamos hechos de su materia. Lo sepamos o no, Ël está donde hallemos el verdadero amor y la libertad. NICOLAS NANNI – PROF.DE YOGA – FACILITADOR DE CONSTELACIONES FAMILIARES –03541 –15527337 

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